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miércoles, 19 de enero de 2011

El Moribundo.. de Horacio Verbitsky


-Si él no se hubiera enfermado, no estarían pasando estas cosas- dijo el hombre que cubría su calvicie con pelo remontado desde la sien.
La mujer no sabía qué contestar. Le molestaba la familiaridad con que le hablaba el hombre, el asedio de sus preguntas. Ni le respondía ni se animaba a rechazarlas. Seseaba terminar rápido. Por los pasillos relucientes circulaban en silencio monjas y parturientas. Era otro planeta, distante del que ella habitaba contra su voluntad.
-¿Querés verlo?- insistió el hombre, como si los despojos agonizantes testimoniaran sobre la pureza de sus intenciones.
La mujer se resignó a seguirlo. El hombre abrió la puerta de una habitación a oscuras y avanzó unos pasos. La mujer asomó la cabeza. No vió nada, pero oyó un gemido junto con la fricción de sábanas. Sintió repugnancia y retrocedió. El hombre la observaba con una sonrisa triunfal.
La mujer sabía que el moribundo habñía sido alguien importante pero ignoraba hasta que punto también estaba relacionado con su destino personal. Recordaba que sus fotos se publicaban en los diarios. De negro, con una faja morada en la cintura, el cardenal posaba al lado del general. El militar con uniforme de gala le ofrecía una lapicera. Inclinado sobre un gran libro de escribanía, el prelado simbolizaba la promiscuidad eclesiástica con el poder temporal. Doce años antes Graciela Daleo militaba en los campamentos de acción misionera de tartagal y en el Chaco santafesino, junto con Mario Firmenich y el sacerdote Carlos Mugica. Eran parte de una rebelión que crecía en las entrañas de la iglesia contra la concepción que aquel anciano encarnaba. Ésa fue su puerta de acceso a Montoneros.
Ahora debía escuchar con fingido respeto las historias que le contaba el hombre con el pelo de la sien pegado sobre el cráneo. De él dependía su libertad.
-Te puedo conseguir la visa para Venezuela- le dijo por fin, luego de cerrar la puerta de la habitación.
-Pero tiene que ser pronto. Me quiero ir en el avión del viernes- urgió la mujer.
-Esta bién, vení a verme el jueves a la Curia. Pero necesito el pasaporte y el pasaje de ida y vuelta- explicó el hombre.
-Con eso no va a haber problemas- respondió la mujer.
Del pasaporte y el pasaje se encargaría el hombre más joven, que la había conducido hasta allí. Ahora la eperaqba en un auto estacionado en una de las dos cuadras de la breve calle San Martín de Tours, donde se alzaba la Pequeña Compañía de María o Mater Dei, el sanatorio y maternidad preferido de la alta burguesía católica de Buenos Aires.

Libro "El Silencio", de Horacio Verbitsky (De Paulo VI a Bergoglio. Las relaciones secretas de la Iglesia con la Esma).

1 comentario:

  1. http://www.facebook.com/678tv#!/pages/Conociste-a-Maria-Esther-Lorusso-Lammle/109340242452010
    Cumpas, María Esther es una de mis mejores y más queridas amigas de la juventud. Desaparecida en mayo de 1976 sus familiares la siguen buscando. Por favor, si alguien la conoció o supo de ella, ingresen a este link y aporten lo que sepan. Multiplicar puede hacer una gran diferencia.

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