Vistas de página en total
sábado, 4 de diciembre de 2010
viernes, 3 de diciembre de 2010
que es un crimen de lesa humanidad?
Son crimenes de lesa humanidad, los actos cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque, teniendo en cuenta la conformidad con la política del Estado.Estos son:
Asesinatos, es decir homicidios intencionados;
Exterminio, que son aquellos asesinatos intencionados y en gran escala de miembros de un grupo, con intención de provocar la detrucción de parte de la población
Esclavitud, que son los ejercicios de derecho de propiedad sobre una o más personas, incluido el tráfico de personas;
Deportación o traslado forzoso de una población, que es la explusión de personas de la zona donde están presentes legítimamente, sin motivos autorizados por el derechos internacional;
Encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física, en violación de normas fundamentales del derecho internacional;
Tortura, que es el dolor o sufrimiento de relevancia, ya sean físicos o mentales, causados intencionalmente a una persona. Entre ellas se encuentran la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada, golpes y métdos de torturas tales como la picana o el "submarino";
Persecución, entendida como la persecución a un grupo o colectividad con identidad propia por motivos políticos e ideológicos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, o de género;
La desaparición forzada de personas;
El crimen de apartheid,
PARA QUE SEAN TIPIFICADO COMO DELITOS DE LESA HUMANIDAD, DEBEN SER COMETIDOS EN DETERMINADAS CONDICIONES Y CUMPLIR ESTOS TRES REQUISITOS:
* TIENEN QUE SER COMETIDOS DURANTE UN CONFLICTO ARMADO,
* DEBEN FORMAR PARTE DE UN PLAN SISTEMÁRTICO Y EXTENDIDO CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL,
* EL QUE LO REALIZA TIENE QUE SER UN AGENTE ESTATAL QUE ESTÁ CUMPLIENDO UN PLAN DE ELIUMINACIÓN DE CIVILES QUE VIENE DE UNA ORGANIZACIÓN ESTATAL.
Asesinatos, es decir homicidios intencionados;
Exterminio, que son aquellos asesinatos intencionados y en gran escala de miembros de un grupo, con intención de provocar la detrucción de parte de la población
Esclavitud, que son los ejercicios de derecho de propiedad sobre una o más personas, incluido el tráfico de personas;
Deportación o traslado forzoso de una población, que es la explusión de personas de la zona donde están presentes legítimamente, sin motivos autorizados por el derechos internacional;
Encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física, en violación de normas fundamentales del derecho internacional;
Tortura, que es el dolor o sufrimiento de relevancia, ya sean físicos o mentales, causados intencionalmente a una persona. Entre ellas se encuentran la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada, golpes y métdos de torturas tales como la picana o el "submarino";
Persecución, entendida como la persecución a un grupo o colectividad con identidad propia por motivos políticos e ideológicos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, o de género;
La desaparición forzada de personas;
El crimen de apartheid,
PARA QUE SEAN TIPIFICADO COMO DELITOS DE LESA HUMANIDAD, DEBEN SER COMETIDOS EN DETERMINADAS CONDICIONES Y CUMPLIR ESTOS TRES REQUISITOS:
* TIENEN QUE SER COMETIDOS DURANTE UN CONFLICTO ARMADO,
* DEBEN FORMAR PARTE DE UN PLAN SISTEMÁRTICO Y EXTENDIDO CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL,
* EL QUE LO REALIZA TIENE QUE SER UN AGENTE ESTATAL QUE ESTÁ CUMPLIENDO UN PLAN DE ELIUMINACIÓN DE CIVILES QUE VIENE DE UNA ORGANIZACIÓN ESTATAL.
EXTRACTO DEL TRABAJO "LA ÉTICA DEL ANALISTA ANTE LO SINIESTRO" de Fernado Ulloa, 1985
La condición humana es de naturaleza trágica en tanto entrecruzamiento conflictivo del amor y del odio, del cuidado y de la agresión, de solidaridad y egoísmo. De esta dualidad dura está hecha la historia de cada individuo y de la humanidad toda.
Desde el punto de vista del psicoanálisis, esta dicotomía trágica tiene dos sentidos: o la salida ética, donde la producción de verdad fundamenta justicia, o el callejón ciego donde el síntoma, ahogado en el ocultamiento famiiar y cotidiano, apaga su evidencia develadora, para volver a surgir como grito mayor en la alienación oligotímica, el sufrimiento nuerótico, la perversidad violenta o el delirio psicótico.
Cuando el escenario de la producción sintomática, tiene la magnitud de lo que nos convoca en esta mesa: "los derechos humanos", quien se afirme psicoanalista o lo es, y hace justicia, o no lo es y a sabiendas o no, hace complicidad. Según la circunstancia puede incluso hacer algo más siniestro aún. No en vano introduzco este término de tradición freudiana: lo siniestro.
Freud trabaja este concepto en profundidad. Lo siniestro es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo antiguo, a lo familiar.
Por de pronto- y no me extenderé en esto- el vocablo alemán heimlich que significa familiar, se transforma con el agregado de un prefijo de negación en "un heimlich" algo así como infamiliar o más precisamente oculto o secreto, concretamente siniestro.
Lo siniestro siendo familiar es al mismo tiempo aquello dentro de lo cual uno no se orienta, algo promotor de incertidumbres. En lo siniestro convergen los sentidos antiéticos de secreto y familiar.
Además Freud recoge en el diccionario de Sanders, entre otros significados, el siguiente: "mantener algo clandestino ocultándolo para que otros no sepan de ello y acerca de ello".
En estas familias algunos personajes "están en el secreto", el secreto les es familiar e incluso les confiere poder. El resto de la familia, de acuerdo a la naturaleza de lo oculto, suele sufrir sin saberlo a ciencia cierta, las consecuencias de la malignidad infiltrante de lo que les es oculto. Se convive con algo que se ignora aunque se lo presiene inquietamente. Se puede sumar a lo oculto la propia negación frente a lo extraño. Comienza así a surgir el efecto siniestro.
El único remedio posible contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar. Aún dentro de lo doloroso de esta explicitación, de este hacer justicia, la verdad operará como incisión para drenar, aliviar y curar el abseso de lo siniestro.
Los ejecutores de lo siniestro, los que están en el secreto, se mantienen en cierta forma insensibles a los efectos de lo horrendo. Ellos mismos son lo siniestro, sobre todo si logran la impunidad que pretenden.
Esta impunidad confiere poder sádico, poder fascista. Hasta pueden elaborarse doctrinas y argumentos que intenten validar lo invalidable. Esto ocurre sobre todo cuando el escenario de lo siniestro traspasa los límites de una familia y cobra la dimensión de la sociedad.
Los efectos siniestros dependen pues del lugar que se alcanza con relación a lo oculto. Así los responsables directos y cotidianos del horror que atravesó el país en los últimos años, no sólo lograba impunidad desde el ocultamiento, sino que ese ocultamiento garantizaba eficacia paralizante sobre la comunidad. En esto radica la metodología de la desaparición de personas sumado al horror de sus tormentos.
Desde el punto de vista del psicoanálisis, esta dicotomía trágica tiene dos sentidos: o la salida ética, donde la producción de verdad fundamenta justicia, o el callejón ciego donde el síntoma, ahogado en el ocultamiento famiiar y cotidiano, apaga su evidencia develadora, para volver a surgir como grito mayor en la alienación oligotímica, el sufrimiento nuerótico, la perversidad violenta o el delirio psicótico.
Cuando el escenario de la producción sintomática, tiene la magnitud de lo que nos convoca en esta mesa: "los derechos humanos", quien se afirme psicoanalista o lo es, y hace justicia, o no lo es y a sabiendas o no, hace complicidad. Según la circunstancia puede incluso hacer algo más siniestro aún. No en vano introduzco este término de tradición freudiana: lo siniestro.
Freud trabaja este concepto en profundidad. Lo siniestro es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo antiguo, a lo familiar.
Por de pronto- y no me extenderé en esto- el vocablo alemán heimlich que significa familiar, se transforma con el agregado de un prefijo de negación en "un heimlich" algo así como infamiliar o más precisamente oculto o secreto, concretamente siniestro.
Lo siniestro siendo familiar es al mismo tiempo aquello dentro de lo cual uno no se orienta, algo promotor de incertidumbres. En lo siniestro convergen los sentidos antiéticos de secreto y familiar.
Además Freud recoge en el diccionario de Sanders, entre otros significados, el siguiente: "mantener algo clandestino ocultándolo para que otros no sepan de ello y acerca de ello".
En estas familias algunos personajes "están en el secreto", el secreto les es familiar e incluso les confiere poder. El resto de la familia, de acuerdo a la naturaleza de lo oculto, suele sufrir sin saberlo a ciencia cierta, las consecuencias de la malignidad infiltrante de lo que les es oculto. Se convive con algo que se ignora aunque se lo presiene inquietamente. Se puede sumar a lo oculto la propia negación frente a lo extraño. Comienza así a surgir el efecto siniestro.
El único remedio posible contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar. Aún dentro de lo doloroso de esta explicitación, de este hacer justicia, la verdad operará como incisión para drenar, aliviar y curar el abseso de lo siniestro.
Los ejecutores de lo siniestro, los que están en el secreto, se mantienen en cierta forma insensibles a los efectos de lo horrendo. Ellos mismos son lo siniestro, sobre todo si logran la impunidad que pretenden.
Esta impunidad confiere poder sádico, poder fascista. Hasta pueden elaborarse doctrinas y argumentos que intenten validar lo invalidable. Esto ocurre sobre todo cuando el escenario de lo siniestro traspasa los límites de una familia y cobra la dimensión de la sociedad.
Los efectos siniestros dependen pues del lugar que se alcanza con relación a lo oculto. Así los responsables directos y cotidianos del horror que atravesó el país en los últimos años, no sólo lograba impunidad desde el ocultamiento, sino que ese ocultamiento garantizaba eficacia paralizante sobre la comunidad. En esto radica la metodología de la desaparición de personas sumado al horror de sus tormentos.
PARA PENSAR UNA UNIVERSIDAD DEL PUEBLO, Oscar Varsavsky
“Hay científicos cuya sensibilidad política los lleva a rechazar el sistema social reinante en nuestro país y en toda Latinoamérica. Lo consideran irracional, suicida e injusto de forma y fondo; no creen que simples reformas o ‘desarrollo’ puedan curar sus males, sino sólo disimular sus síntomas más visibles. No aceptan sus normas y valores —copiados servilmente, para colmo, de modelos extranjeros— no aceptan el papel que el sistema les asigna, de ciegos proveedores de instrumentos para uso de cualquiera que pueda pagarlos, y hasta sospechan de la pureza y neutralidad de la ciencia pura y de la infalibilidad y apoliticismo de las élites científicas internacionales al imponer temas, métodos y criterios de evaluación. A estos científicos rebeldes o revolucionarios se les presenta un dilema clásico: seguir funcionando como engranajes del sistema —dando clases y haciendo investigación ortodoxa— o abandonar su oficio y dedicarse a preparar el cambio de sistema social como cualquier militante político. El compromiso usual ante esta alternativa extrema es dedicar parte del tiempo a cada actividad, con la consiguiente inoperancia en ambas. Este dilema tiene un cuarto cuerpo, mencionado muchas veces pero al nivel de slogan: usar la ciencia para ayudar al cambio de sistema, tanto en la etapa de lucha por el poder como en la de implantación —y definición concreta previa— del que lo va a sustituir. Sostengo que esto es mucho más que un slogan, o puede serlo, pero requiere un esfuerzo de adaptación muy grande por parte de los científicos; tal vez mayor que abandonar la ciencia por completo: es más difícil soportar la etiqueta de pseudo científico que de ex científico. Pero creo además que la llamada ‘ciencia universal’ de hoy está tan adaptada a este sistema social como cualquier otra de sus características culturales, y por lo tanto el esfuerzo por desarrollar la investigación seria del cambio total puede producir, a plazo no muy largo, una ciencia no sólo revolucionaria sino revolucionada. Con estas páginas quiero provocar una discusión más a fondo de esta alternativa: sus dificultades, posibilidades e implementación en el contexto argentino (aunque muchas de las conclusiones resulten igualmente válidas para otros países dependientes). Nótese que esta posición está emparentada con el constante llamamiento a ocuparse de los ‘problemas nacionales’ y a hacer ciencia aplicada o funcional, que muchos veníamos haciendo —y a veces practicando— en la universidad. Esa prédica era insatisfactoria porque la tendencia natural era a interpretarla como reformismo o desarrollismo: búsqueda de soluciones dentro del sistema. Así, cuando en innumerables reuniones de profesores en la Facultad de Ciencias Exactas planteábamos esta problemática nacional, el resultado más positivo era que los físicos prometieran ocuparse un poco más de semiconductores, los químicos, de procesos industriales, y los biólogos de los problemas pesqueros, con variantes de igual ‘trascendencia’ para el cambio. Indudablemente eso era preferible a dedicar todos los esfuerzos a estudiar partículas elementales, topología algebraica o metabolismo de carbohidratos; pero cuando apoyábamos al Departamento de Industrias, al Instituto de Cálculo o al de Biología Marina, nos quedaba la amarga y tácita sospecha de que tal vez eso aprovechaba más al sistema que al país. Esa sospecha era correcta y hemos tardado demasiado tiempo en descubrirlo. Nos queda el consuelo de tontos de ver que las ideas al respecto tampoco están muy claras entre los intelectuales del resto del mundo, de todas las tendencias. Por eso, muy lejos de mí la intención de presentar esto como ‘autocrítica’. La alternativa que estoy discutiendo es en la práctica muy diferente a esa problemática nacional, pero cabe formalmente en la misma denominación ya que supone reconocer que el problema nacional por excelencia es el cambio de sistema. No hay riesgo de confundir lo siguiente con desarrollismo: la misión del científico rebelde es estudiar con toda seriedad y usando todas las armas de la ciencia, los problemas del cambio de sistema social, en todas sus etapas y en todos sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto es, hacer ‘ciencia politizada’”.
SOBRE LA VIOLENCIA FAMILIAR: EVA GILBERTI
l plástico del auricular golpea contra la central del teléfono. En el monitor y en la pantalla hay anotaciones. Marcas, palabras redondeadas. Marcela Gutiérrez es psicóloga y acaba de ordenar la salida de la Brigada Móvil Contra la Violencia Familiar hacia la comisaría 29, desde donde han llamado por la denuncia de una mujer que ha sido severamente golpeada por su marido. Gutiérrez acaba de cortar la comunicación pero abre un enlace que acompañará a la víctima durante el trance difícil de enfrentarse a una situación de maltrato. “El martes se escucharon gritos y golpes en un domicilio, el señor sacó a la señora a la calle, y le seguía pegando, entonces intervinieron los vecinos que llamaron a la policía. Como la señora es epiléptica, tuvo una convulsión. El Same la llevó al hospital, luego le dieron el alta y fue a la comisaría a hacer la denuncia”, cuenta Gutiérrez, que es operadora de la línea 137, y acaba de escuchar el caso por el auricular. La línea 137 es el número para llamar en la ciudad de Buenos Aires, ante una situación de abuso, violencia, familiar, sexual, o infantil. “¿Cuándo pasó?”, pregunta Eva Giberti, la madre del invento. Cuando se entera que tanto el hospital Durand como la comisaría que intervino la noche del ataque “se comieron” el aviso durante tres días, reclama que le den los datos. Las instituciones tienen la obligación de dar aviso y justo Miradas al Sur llegó para ver con qué debe lidiar aún el Programa Las Víctimas contra las violencias, a pesar de su fama. “Hay una particular tendencia a agarrarse a aquello que parecería tener más renombre, como la 137, pero este es un programa entero”, protesta Giberti, con una reconocidísima trayectoria en el estudio y el trabajo con la niñez y en el combate a las distintas formas de vulnerabilidades. “El 137 es un invento argentino, no se encuentra nada parecido en ninguna parte del mundo, dicho sin la menor modestia, es un invento mío”, cuenta con alguna picardía la especialista. “Está dentro de un programa que es una idea original de Aníbal Fernández. Esto arranca en el 2006, por pedido concreto de Aníbal y de Néstor Kirchner. Me llamaron para una intervención en el tema de violencia sexual, porque no se daba con los violadores, por una razón muy entendible, que las víctimas no mantenían o ni siquiera hacían la denuncia.” Por experiencia ya sabía que si las víctimas no denuncian es “para no pasar primero por las preguntas de los policías, y el resto de las que se encontraban en fiscalías o juzgados, en una situación de revictimización constante”. “Yo lo que quiero, Eva, es que usted me invente un sistema para que en las comisarías, ningún bigotudo como yo les haga preguntas inconvenientes a las víctimas”, cuenta que le dijo clarito el entonces ministro del Interior. La noche del fallecimiento de Néstor Kirchner, Eva Giberti recordó que en algún momento de aquella primera entrevista se hizo presente el entonces presidente, saludó y pidió: –Eva, por los chicos, con los tapones de punta. Así fue que nació en 2006 la primera de las brigadas, la de Atención a Víctimas de Violencia Sexual, el primer paso del programa. “Esta es una idea de Kirchner, un segmento de su vida muy poco conocido. Un ámbito donde las víctimas fueran directamente atendidas. No un ámbito donde fueran a pedir ayuda sino que se trataba de generar un cuerpo de trabajo que fuera al terreno”, dice la psicóloga, psicoanalista, investigadora y docente universitaria. Y así se hizo. Hoy el Programa Las Víctimas Contra Las Violencias ha evolucionado a pasos agigantados. Tiene una brigada móvil contra la violencia familiar, otra contra la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, y ha incorporado a su órbita un cuerpo interdisciplinario contra la violencia familiar. Ese el único sector que tiene un lugar de trabajo fijo, “porque nosotros no trabajamos detrás de un escritorio, como otras instituciones, todo lo nuestro es trabajo en terreno”, añade Giberti. Cada brigada tiene un protocolo, una capacitación y una especialidad determinada para actuar con la mayor eficacia y celeridad posibles. Las brigadas están compuestas por dos agentes de la Policía Federal, una trabajadora social y una psicóloga, que actúan para sacar a las víctimas del momento de la emergencia, la acompañan para que reciba atención médica, la contienen también en las comisarías o las sedes judiciales. La línea 137 es el corazón tecnológico del programa. Las operadoras reciben todo tipo de llamados y consultas, las 24 horas, los 365 días del año. En el caso de las víctimas de violencia sexual el programa logró suprimir la entrevista policial, que hoy es realizada por personal especializado de la brigada en un lugar reservado. Desde hace unos escasos 20 días las revisaciones policial, judicial y forense se redujeron a una sola, también para resguardo de la víctima, que se veía en un cuadro de “revictimización elevada a la exasperación”, según describe Giberti. –Yo hacía todas las gestiones posibles hasta que un día la fui a ver a (la ministra de la Corte Suprema) Carmen Argibay, y después de muchas reuniones se logró que haya una sola entrevista, en el hospital. El médico legista tiene orden de dejar todo y salir inmediatamente para la revisación con el médico del hospital. Y se arma un protocolo que se negocia con el cuerpo médico forense. Esto es mérito de este programa. En la actualidad, la línea 137 recibe entre 20 y 30 llamados genuinos diarios. Un 25 por ciento de ellos terminan en intervenciones de las brigadas. El resto suelen ser personas que desean hacer consultas. Las operadoras, trabajadoras sociales o psicólogas asesoran respecto de situaciones particulares e instituciones estatales a las que acudir a reclamar que brinde la asistencia correspondiente. Esa es otra clave del programa, que no casualmente se llama Las Víctimas Contra Las Violencias, la idea de una víctima comprometida, no a la que se revictimiza. Recibe asistencia y acompañamiento pero se necesita de la ratificación de la denuncia para que se avance en este sentido. Viviana Mendoza también es psicóloga y una de las supervisoras del programa, y cuenta que el trabajo “se sabe donde empieza y a qué hora pero nunca se sabe dónde ni cuándo se termina. Acompañamos a todos lados pero siempre con la víctima activa”. Agrega que “a veces los equipos se van relevando. Y a veces paramos porque la víctima necesita descansar”, se ríe. El trabajo del operador es fundamental, a la vez que también se compromete, porque no sólo hace el cuadro sobre el que trabajará la brigada, sino que también será un testigo en la causa, algo que muchas veces se intentaba esquivar antes en las instituciones. Entre otros de los logros señalados por Giberti, destaca el hecho de que en lo que hace a violencia sexual “por primera vez se ha podido apresar a tres violadores seriales”. O que, respecto de la violencia familiar, la cantidad de denuncias creció significativamente. El cuerpo interdisciplinario tiene en estudio más de 4.800 expedientes y se encarga de realizar los diagnósticos de violencia familiar que solicita la ley. Trabaja con la información del historial del sujeto, entrevista al golpeador, a sus parientes y, si aparecen afectados, a los niños. Esta iniciativa estatal que pasó del Ministerio del Interior al de Justicia logró, además, que se introdujera como asignatura obligatoria Violencia Familiar en los cursos de cadetes, suboficiales y oficiales. “¿Querés ascender? Tenés que rendir estas asignaturas con coloquio oral y texto escrito, que dictamos nosotros mismos”, se enorgullece Eva Giberti. “Tenemos a esta altura unos ocho mil policías que para poder ascender tienen que cursar cuatro meses, más trabajo escrito y oral. Que igual no alcanza, pero nunca en la vida había sucedido esto”, dice la especialista, que también llama la atención sobre el hecho de que en las carreras de psicología no aparecen estos temas en los programas. Más del 50 por ciento de los llamados a la línea 137 son realizados por las propias víctimas. En segundo lugar se ubican las instituciones que reciben el caso o lo detectan: hospitales, escuelas, comisarías, etc. Más atrás vienen familiares, amigos y vecinos, y en menos del 1 por ciento también llaman los agresores, mintiendo sobre las causas del llamado, victimizándose. “Mientras nos abran la puerta, da lo mismo que lo haga la víctima o el agresor”, asegura Mendoza. Todos estos datos muestran que a pesar del ejemplo del principio de esta nota las instituciones se van comprometiendo fuertemente. Por eso Giberti remarca a cada rato el nombre de Aníbal Fernández y el “compromiso político” como mantra. Hubo que trabajar mucho y aún se sigue trabajando en el cambio de concepciones de ciertas instituciones, como la policial y la judicial, u otras como la administración del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que aún no quiere dar brazo a torcer. Eso se nota en varios aspectos. Por ejemplo, hay un sólo refugio para personas en riesgo de violencia hasta que las medidas de exclusión del agresor entran en vigencia. Ese refugio es el Mariquita Sánchez de Thompson y se encuentra en un lugar reservado. “Tiene muy poca capacidad y sus requisitos son muy exigentes”, detalla Julia Bermúdez, una de las cuatro abogadas que tiene el programa, quien cuenta que otro de los problemas que existen es que el código contravencional porteño y la ley nacional se dan de patadas a la hora de resolver casos de explotación sexual de niñas. Esa es la parte del vaso vacío. La otra ya es bastante alentadora. Lo importante es que hoy, marcando el 137, ninguna otra víctima de la violencia vuelve a quedar desamparada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)